|
Hablar de vida consagrada es hablar de amor. El amor de Dios que elije y el amor de la persona que abraza esa llamada.
La vida consagrada es una comunión de corazones, un encuentro y dialogo de amor permanente, entre el Corazón de Dios y el corazón humano.
Un amor que no se compara a otros amores, que es eminentemente pleno y trae inmenso gozo al corazón. Una forma inmensamente nueva de amar a Dios y a los hombres. Tan fuera de nuestra imaginación que cumple la palabra de Isaías 55, 9: “porque cuanto aventajan los cielos a la tierra, así aventajan mis caminos a los vuestros y mis pensamientos a los vuestros”.
|